Seguimos en Málaga.
Aún faltaba pasar la tarde en la ciudad andaluza. Pero antes, tal y como teníamos previsto y a la hora de la reserva llegamos al restaurante.
El joven camarero nos ubicó en nuestra mesa, un buen lugar, tengo que decir, un rinconcito guardado para nosotras en aquel gran restaurante. Bueno, para nosotras y para unos 15 chicos más, sí, justo al lado una larga mesa sólo ocupada por chicos . Un rato estuvimos especulando, hasta que uno de ellos, de forma espontánea no los confirmó, tampoco eran malagueños y estaban de despedida de solteros.
Como veis, no nos privamos de los mejores manjares de la casa incluido el vino. Entre plato y plato y copa de vino vinieron algunas confidencias que aquí no se van a desvelar.